Capriles y la Iglesia Católica

Agapito Magnon
Desde hace algún tiempo circulan por internet opiniones, referencias de eventos donde el ex candidato presidencial Henrique Capriles Randonski pretende involucrar a la iglesia católica y a otras denominaciones en el quehacer político del país.

 

Sin dudas la manipulación, hipocresía y mentiras que expresa en su discurso ponen en evidencia sus propósitos. Aquí recojo algunos de esos planteamientos de colegas especializados en el tema religioso que se deslindan y denuncian la falsedad de ese comportamiento.

El primer error conceptual de Henrique Capriles es suponer que las instituciones religiosas apoyan sus alardes, guaperías y pretensiones. Esas denominaciones e instituciones religiosas no son: “del gobierno ni de la oposición; la iglesia es de Cristo. La opción preferencial por el pobre no es ninguna opción política sino que es una opción por el reino de Dios en esta tierra”. Cuando hablamos de iglesia hay que especificar de ¿cuál iglesia? Comúnmente se le llama iglesia a la alta jerarquía (a saber, obispos y monseñores) que dirigen la institución eclesiástica para servir a la iglesia como tal. No hay que confundir los intereses particulares del Opus Dei que intenta controlar el poder. Es necesario identificarlos y denunciarlos.

Cuando Capriles y su tolda política critican hasta la saciedad las políticas sociales del gobierno y atacan planteando que Chávez y ahora Maduro “regalan” están contradiciendo su propio discurso que trata de involucrar a los religiosos como si fueran un ejército de vasallos que por su cara bonita tienen que apoyarlo.

En la campaña presidencial pasada se evidenció esa manipulación perversa al pretender borrar de la mente de los venezolanos la posición histórica de la oposición de contradecir de manera reactiva, absurda y descarada cualquier iniciativa de ayuda a los más pobres diseñada por el gobierno. No hay ni siquiera el más mínimo recato, ni atisbo de racionalidad en reconocer que son necesarias y que están cumpliendo su cometido.
Barrio Adentro, por ejemplo, el sistema de atención primaria de salud de millones de personas humildes y de la clase media, sus médicos y profesionales cubanos han sido víctimas del más vil comportamientos de la oposición. ¿Cuántos ataques no ha recibido y siguen recibiendo los trabajadores cubanos de la salud? Han sido víctimas de las más bajas campañas para estimular la deserción, han asesinado médicos, sabotajes a las instalaciones. Capriles y la oposición venezolana se burlan de Dios y de la iglesia católica, manipulando sus mensajes hacia los cristianos, con temas políticos que perturban la paz de Dios.

El ex candidato perdedor Capriles es como la antítesis de esas políticas socialistas que impulsa el gobierno revolucionario, que nada tienen que ver con los objetivos y fines de un gobierno de derecha que basa su ideología política en la propiedad y el capital como principios y normas de vida.

“Cuando al pobre (entiéndase pobre todo aquel que tenga cualquier carencia. Sea de tipo material o espiritual) se le atiende, se le dignifica, se le toma en cuenta, la iglesia de Cristo se alegra y se hace solidaria de esa acción sin que esto implique ninguna opción política partidista, ni mucho menos. Es por eso que la iglesia debe, no solo apoyar sino también sentirse solidaria de las políticas, sea quien sea el que las tome. Cuando al que no tiene vivienda se le facilite (no regale) la adquisición de una vivienda digna; salud gratuita sobre todo para aquellos que por su condición social no pueden pagarla; educación gratuita de calidad para todos(as) que deseen adquirirla, dando todas las facilidades posibles (ejemplo las misiones educativas); cultura de calidad para que el pobre pueda tener acceso a los cines y teatros y otras manifestaciones culturales que lo eleven en su condición humana; deportes para todas(así y no el que lo pueda pagar. En fin, todo lo que ayude al pobre a ser feliz y a realizarse como persona humana debe ser del interés de la iglesia”.

Los programas políticos son los instrumentos ideológicos de los partidos y a veces coinciden con ideales y principios pero eso no quiere decir que la iglesia tiene que asumir una posición partidista o dependiente al servicio de esa ideología. La iglesia es independiente de todas las tendencias y contrarias de aquellas que atentan contra la dignidad y el progreso de los más pobres como lo es el neoliberalismo o capitalismo salvaje. Donde la sociedad de consumo crea necesidades superfluas explotando y promoviendo la vanidad, la frivolidad.

Resulta que ahora Capriles, el discursero católico, constantemente manipula frases religiosas para captar adeptos y utiliza a la “iglesia como mediadora” en su campaña, mientras que no repara en demeritar la labor proselitista de la iglesia hacia el pueblo.
Oscar Arnulfo Romero, ex arzobispo de El Salvador y mártir de la iglesia en Latinoamérica nos decía:

La gloria de Dios es que el pobre viva. Las excelencias, las eminencias, los monseñoratos, las dignidades y santidades no tienen cabida en la iglesia de Cristo. Él es el único Santo, el único bueno es Dios. Todos y todas estamos llamados a la santidad por la participación y comunión con él.

La campaña de la oposición venezolana tiene centradas sus bases en demeritar toda la labor social que hace el gobierno, sin poner reparos en mezclar a la iglesia en temas políticos que la dividan y separen del camino de Dios.

Es cierto que la iglesia en su jerarquía debe mediar en los conflictos para buscar la paz que es fruto de la justicia. Ella estará siempre al lado de las víctimas, no de los victimarios.
La iglesia debe estar en los barrios más pobres, no por proselitismo sino para dar testimonio del amor preferencial de Dios para con ellos; no somos políticos que estamos buscando adeptos o votos.

“La iglesia de Cristo siempre promoverá un dialogo sincero que una las buenas voluntades que buscan a pesar de las diferencias, que no deben seguir enfrentándonos y aislándonos sino enriqueciéndonos, un mundo mejor”.

La oposición venezolana con Henrique Capriles como su máximo representante, pone en duda la labor de la iglesia católica en Venezuela, tildándola inconsciente antes las reales necesidades del bienestar del pueblo y de la clase pobre en Venezuela.

Se acerca un nuevo proceso electoral en el país más democrático del mundo donde debe exigirse imparcialidad del árbitro (CNE) que lo ha demostrado en muchas oportunidades; sobre todo cuando las elecciones son reñidas. Hay veces que ha ganado la oposición y otras el oficialismo. Debemos creer y aceptar la decisión del árbitro, sea cual sea y no solo cuando un sector gane. Es un deber patrio participar de las elecciones aunque el voto sea libre y secreto.

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