EL CHE VIVE EN EL CORAZÓN DE LOS NIÑOS

Guevara, la perenne invocación del hombre nuevo la inspiración del Guerrillero Heroico merece encauzarse por los rumbos de la “actualización”.

Universalmente conocido como el Che Guevara, o simplemente el Che. Combatiente revolucionario, estadista, escritor y médico argentino-cubano. Su vida, conducta y pensamiento se ha convertido en paradigma de millones de hombres y mujeres en todo el mundo.

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández – Cubahora.- Llegué a la escuela y me enseñaron a decir, en alta voz y a coro, que todos seríamos como él. Y poco a poco fuimos abrazando la expresión de un credo hondo, de un juramento de camino largo. Recuerdo las palabras entrecortadas, medio tímidas, de aquella muchachada pionera. Recuerdo a la profe organizándonos en fila, diciéndonos que nos pusiéramos uno detrás del otro, que mantuviéramos una postura firme, erguida. Recuerdo a todos mis compañeritos con boina y el ceremonial saludo, igual que el de la bandera.

Recuerdo las horas matutinas de octubre como si fuesen hoy, los homenajes hablando de La Higuera y la Quebrada del Yuro, los versos de las goticas de agua clara y la ingenua alusión a quien “murió en Bolivia con una estrella en la frente, alumbrando el continente de la América Latina”. Recuerdo, recuerdo… aquella infancia del cariño profético, aquellos años de querer ser, intentar ser.

Yo todavía quiero, y seguiré intentándolo. Sí, pero no me acepto el anhelo por el simple anhelo. Eso no, eso sería entonces lo peor, la antítesis de todo. Alejado de lo rítmico de la consigna, alejado de lemas y discursos, me pregunto yo mismo, sin que nadie más intervenga, a qué Che debemos aspirar, qué Che podemos construir, que traducida la expresión en su significado más primario sería algo así como “de qué modo aprender del amigo”.

Y es que a estas alturas, en este paralelo de convergencias y discordancias múltiples, cuando Cuba cambia y se enrumba hacia proyectos mayúsculos, cuando la isla examina sus propias estructuras; necesitamos un Guevara crecido, oxigenante, previsor; un hombre que no lo hagamos teque ni epopeya fría, como a veces se suele decir por ahí. Tenemos que saber recordarlo.

Examinemos entre todos cómo traer al héroe a las configuraciones de los nuevos tiempos, cómo tocarle el codo con lo “voluntario” del trabajo de hoy al hombre de carne y hueso, cómo bajarlo de la estatua sin que pierda su vigilancia y su luz larga, sin que deje de andar con la adarga al brazo.

De Guevara, en primer lugar, se hace imprescindible rescatar con meridiano tino sus aportes teóricos y prácticos a la construcción del socialismo, un socialismo que no tiene otros referentes que los fijados por él mismo desde su condición única. Y el ejercicio está en socializar, bajar a todos los estratos, palpar. Bien lo dejó esclarecido: “Lo difícil de entender, para quien no viva la experiencia de la revolución, es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez, la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes”.

El Che abogó por el hombre nuevo, lo prescribió desde los años fundacionales del proyecto social cubano como aquello que va naciendo. “Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas”.

Ahí está una de las esencias más maduras del héroe y estudioso: tomar la economía como elemento sustancial y desencandenante de muchos otros; pero que obligatoriamente debe estar conjugada en un sistema integral, donde lo económico, lo político, lo cultural, lo sociológico, lo histórico se condensen a través de cuestiones fundamentales, como el papel del hombre y la conciencia del individuo.Y no se puede aspirar a algo si ese algo no se enseña, si a ese algo no le damos vida, cuerpo, esencia. “Sin hombres socialistas no se puede hacer el socialismo”.

De ahí el valor de la educación, la verdadera educación, la enseñanza práctica; nunca el escolasticismo y la repetición monocorde; nunca la fanfarria académica, nunca el desentendimiento de las realidades que son muchas pero capaces de encauzarse como una sola. “Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma”. Esa importancia es crucial, no se puede retroceder en tan decisivo intento.

Del Che nos viene haciendo falta no perder la perspectiva que ha de acompañar a los que van delante, que son los que rectorean, conducen, organizan: “Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas. Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero esta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista”.

“El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios, tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo” (citas de El socialismo y el hombre en Cuba, de Ernesto Guevara).

Cabe entender entonces que no apostemos por el arquetipo, por la modelación perfecta del hombre nuevo, ni del Che tampoco. Cada tiempo hace a sus hombres, y hace a su gente común, y relee a sus héroes, y busca y rebusca en el pasado para seguir.

Defendamos al Guerrillero antidogmático, desprovisto de arengas; al del espíritu crítico y mirada aguda para examinar su realidad; al de la autocrítica comprometida y franca, al de Argentina, el Congo, Cuba, Bolivia y América toda; al de los sueños integracionistas; al comandante, fecundo en los combates más escépticos de la vida cotidiana; al padre; al compañero del arroz con pollo para todos; al ser humano de las mil batallas y más, las ya libradas y las que faltan por librar; a la perenne invocación de su estatura, que no es cualquiera.

Ya hace tiempo que llegué a la escuela y me enseñaron a decir muchas cosas; aún recuerdo lo que quería ser. Ahora puedo entenderlo todo mejor.

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