Mario Menéndez: Defender la verdad es un deber

Un colega latinoamericano, amigo de Cuba, maestro y guerrillero incansable por las causas nobles de la humanidad, está nuevamente entre nosotros.
Invitado por los colegas del diario Juventud Rebelde y el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, Mario Menéndez, director del periódico mexicano ¡Por Esto!, se reunió este lunes con profesionales de la prensa cubana de varias generaciones y un numeroso grupo de estudiantes de periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, con quienes intercambió sobre su formación como revolucionario, su relación con Cuba y facetas de su intensa vida periodística.
“Me siento orgulloso de estar aquí y de que sea la juventud cubana la que me haya invitado”, fueron las primeras palabras de este gran hombre, quien confesó que desde muy joven creía en los pueblos, en las luchas de liberación, en la democracia y en la soberanía, a pesar de educarse en Estados Unidos, porque ante todo tenía en mente el símbolo de la unión americana.
Contó Menéndez que una vez que regresa a su México natal, siendo muy joven, lo que más le atraía era ser reportero y comenzó a escribir para un diario propiedad de su familia, el más importante en el sureste de México. La preparación integral recibida en la Universidad facilita su labor, pero solo mediante el contacto con el pueblo y la búsqueda permanente de la verdad logra conocer la tragedia del campesino henequenero de la zona de Yucatán, su miseria, su pobreza. Esto deja una huella profunda en el joven periodista, que comienza a investigar y describir de forma clara y sin tapujos esta realidad, compenetrándose con los campesinos y recibiendo a partir de entonces fuertes críticas, amenazas, alertas y hasta el calificativo de “comunista”.
“Pero nadie nace revolucionario, el revolucionario se hace”, asegura Menéndez, quien cuenta con orgullo que en su formación influyó la descendencia que tenía de los cubanos, pues sus bisabuelos provenían de este archipiélago rebelde por naturaleza y además, allá en México sus abuelos acogieron a José Martí, lo apoyaron, le brindaron su casa como donación para la causa revolucionaria, pero el joven Pepe no la aceptó, pues debía regresar a Estados Unidos donde la aguardaba el periódico Patria.
“Para tener una idea del espíritu libertario y cubano de mi familia, les comento que las hermanas de mis abuelos se llamaban Yara, Libertad, Bolivia y América. Eso dice mucho. En la biblioteca de mi abuelo, del lado izquierdo estaba Benito Juárez y la bandera mexicana y del lado derecho, José Martí y la bandera cubana. Eso siempre me llamó mucho la atención. El abuelo decía que solo los que cuidaban y organizaban aquellos libros podían leerlos. Entonces yo entraba a aquel lugar maravilloso y comencé a leer y a aprender todo lo que era José Martí y lo que era Benito Juárez. En realidad eso vino a hacerme más radical que lo que era entonces”, relata el periodista mexicano.
Dijo también que por aquellos años iniciales le angustiaba mucho no saber explicarles a los campesinos dónde estaba el centro de sus problemas, cuánto se producía y cuánto se debía exigir y se dio cuenta que le faltaba la economía y comenzó a estudiarla. Entendió entonces cómo se les robaba y comenzó a enfrentar a la oligarquía y no solo con sus líneas, sino también por la vía legal, llegando a denunciar a cuatro ministros del gobierno de México, algo que nadie se atrevía a hacer.
Recorrió también un gran número de comunidades agrarias mexicanas y demostró al general Lázaro Cárdenas que muchas de las medidas que él había ordenado respecto a la reforma agraria no se estaban cumpliendo. Escribió extensos materiales que llegaron a tener repercusión en los principales diarios del país y fue recibido por el propio general, quien le dio la razón después de un largo debate.
Para Menéndez, un episodio trascendental en su vida profesional ocurrió en los primeros años de la Revolución Cubana, al escribir sobre la banca nacional y la economía de la Isla sin conocerla. En aquel momento Ernesto Guevara (Che) era el presidente del Banco Nacional de Cuba y le llegaban todos los diarios mexicanos, los leía y se puso furioso con su artículo. “Le ordenó entonces a un tío mío que trabajaba con él que fuera inmediatamente a Mérida a buscarme y le dijo: “le dices que venga a recorrer toda Cuba, que vea la realidad, que la conozca y que después escriba lo que le dé la gana”.
Cuenta Menéndez que su tío viajó a México y al encontrarse con él, después de los abrazos, los saludos, le preguntó cómo definía a un periodista, a lo cual el joven respondió: “Un periodista es alguien que siempre lucha por la verdad, la defiende, la busca, a riesgo de su propia seguridad. Tiene que ser auténtico, objetivo, describir toda la realidad”. Solo entonces comprendió que había escrito sobre cosas que no conocía, que se había equivocado, que era arrogante, obstinado, impaciente y prometió que cuando estuviese realmente preparado y con fuerzas suficientes para dar respuesta a las interrogantes que provocó su artículo, viajaría a Cuba y volvería a escribir sobre su acontecer. Y eso fue así, excepto en la etapa de Girón, cuando su periódico condenó la invasión pero de forma tan objetiva que nadie lo podía negar.
De su primera experiencia en el periódico de la familia, el joven Mario Menéndez viaja a la capital mexicana y se convierte en director de la Revista Sucesos, iniciándose otra etapa en la que, incluso, en una ocasión le llegan a quitar todo el papel que requería para su publicación, por reflejar la masacre contra un grupo de jóvenes que atacan una importante guarnición militar, desatándose así una campaña periodística nacional que informa constantemente sobre las acciones de la naciente guerrilla de Chihuahua.
Entra en contacto por primera vez con las guerrillas revolucionarias de Centroamérica mediante un viaje a Guatemala, convive con ellas, conoce El Salvador, Honduras y regresa a México para solicitar permiso en la embajada cubana para viajar a Cuba y cumplirle su promesa al Comandante Guevara, justificándose con la posibilidad de entrevistar a Fidel, quien hasta entonces no había ofrecido ninguna entrevista a periodista latinoamericano alguno.
En Cuba Fidel acude sorpresivamente al lugar donde se hospedaba, lo escucha y le permite recorrer todo el país, visitar la Cabaña y entrevistar a todos los presos que allí se encontraban y vive —casi al azar— un enfrentamiento del líder de la Revolución Cubana, pecho a pecho, con un grupo de alzados en la zona del Escambray. Estos serían días imborrables y decisivos en su formación, confiesa Menéndez.
Pero su México natal seguía sangrando y cuando en 1968 se realiza una matanza terrible en la que cientos de jóvenes estudiantes fueron ejecutados, Mario Menéndez logra salvarse y escribe sobre lo que había visto. “Muchos periodistas de otros medios nos cedían las imágenes de aquellos muertos, de aquellos jóvenes asesinados para que las publicáramos porque nadie se atrevía. Así salió una edición especial del periódico ¿Por qué? y entonces tuve que pasar a la clandestinidad. Me refugié en las casas de los mismos campesinos e indígenas a los que defendí algunos años antes”, recuerda el colega mexicano.
Dos años pasó en la clandestinidad, huyendo de un lado para otro, hasta que decide salir a la luz pública como una forma medir si había cambios reales con el nuevo gobierno liberal que se había instaurado, pero no, lo atraparon y lo condenaron a 30 años, saliendo por mediación de un intercambio y llegando a Cuba. Para sorpresa del gobierno mexicano —afirma alegremente Mario Menéndez— en Cuba Fidel le dio la ciudadanía, pasaporte y vivió aquí más de 10 años. Aquí conoció a su esposa, tuvo a su hija y gracias a eso recorrió Asia, África y América Latina. Años después, cuando regresó a México, el recibimiento fueron las bombas, a las cuales, según sus propias palabras, nunca les ha temido.
Y entonces reflexionó nuevamente sobre su formación revolucionaria: “fue un proceso, bien meditado, tan meditado que más de 50 años después estoy aquí con ustedes”. Para ello, recorrió América Latina, aprendió mucho, pero con la formación académica y universitaria fue aún más sólida su convicción. “Y eso sí lo quiero recalcar. El aspirante a revolucionario es más eficiente en la medida en que está consciente de lo que hace, que se convence y decide hacerlo, entonces da el paso adelante. Ya una vez que se da ese paso no hay marcha atrás”.
Sobre la denuncia contra Posada Carriles en el 2005, Menéndez reafirmó que no hizo más que cumplir con un deber y recordó la Primera Declaración de La Habana, en la que se decía que el deber de todo revolucionario es defender la Revolución. “Posada Carriles no es más que un vulgar y perverso asesino, terrorista auténtico”, aseguró.
En el encuentro, Mario Menéndez relató emocionado su visita al Mausoleo que guarda los restos del Che y los guerrilleros que murieron en Bolivia. “La emoción fue demasiado grande. Me di cuenta que no había hecho mucho, sentí vergüenza de que el Che estuviera muerto y yo vivo. Fue un momento que agradecí con creces por poder estar allí y hubiera querido hacerlo antes, pero no me lo permitieron las autoridades mexicanas. Pero le dije al Che en Santa Clara: “te cumplí”. Y eso me compromete más”.
Al preguntarle sobre la situación actual de México y el papel de diarios como el que dirige en la defensa de la verdad, el colega mexicano señaló que en la medida en que uno va adquiriendo conciencia y se va comprometiendo en la lucha, se va relacionando con la problemática que se está viviendo, desde las propias comunidades y si se tiene la oportunidad de reflejarlo, es mucho mayor el compromiso. “Esa es la responsabilidad tan enorme que tiene un periodista, el periodista tiene que librar una batalla, no tiene derecho ni al descanso, ni a ceder ante el desánimo, ni a decir “hasta aquí llegué”.
Por eso, a los 66 años de edad este incansable guerrillero, siempre alegre y jovial, sigue defendiendo a su pueblo, a la prensa dentro de la ley, recorriendo las comunidades, hablando con la gente, conociendo sus problemas reales para reflejar de la forma más objetiva posible la realidad, a pesar de que hoy todo esté bajo el control económico, de los bancos y algunas cosas solo se muevan solo junto a millones de pesos.
No faltó al finalizar estas horas convertidas en clase magistral, el consejo y la reflexión para los más jóvenes: “¿Cómo se puede ser más útil en un proceso revolucionario, como se puede colaborar más? El periodista en la medida en que se fortalece ideológicamente, que se fortalece con las ciencias, en la economía, con la tecnología moderna, que recurre a todos los espacios que brinda el desarrollo, el periodista es más digno. No dejen los estudios nunca, prepárense bien. No limitarse a nada cuando se tiene también la formación de la dialéctica materialista que les permite entender cómo actuar en sociedad, cómo responder al analizar la realidad objetiva. Es un compromiso convencido, es un deber. El periodista es más útil en la medida en que se fortalece en la universidad y en la práctica, en la medida en que conoce, vive y siente la sociedad, como los revolucionarios. Por eso defender la verdad de Cuba no ha sido ni será nunca un compromiso, es un deber”.
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