Senador Ted Cruz. Una espina en la garganta de Washington.

Por: Lorenzo Gonzalo | Radio Miami.

Por razones irracionales y de emocional inmadurez, los cubanos de origen que llegaron a Estados Unidos de Norteamérica en los años sesenta, han defendido las causas más retrógradas. Divorciados de sus orígenes hispanos como país pobre, han roto con los suramericanos y el resto de los pobladores al Sur del Río Bravo y con el tiempo han hecho causa común con quienes favorecidos por las circunstancias en esas latitudes, también se han olvidado de los graves problemas que afectan sus regiones.

Cuba, pobre pero favorecida por su ubicación geográfica, al punto de haberse podido convertir en un Puerto Rico y ser incorporada a Estados Unidos en los finales del siglo XIX y principios del XX, tuvo el privilegio de servir de puente y barrera a la defensa del Norte y precisamente por esas características, ciertos sectores fueron convertidos en administradores de intereses estadounidenses en la Isla.

Como consecuencia, una parte de su población trabajadora, recibió por carambola ciertos beneficios. Esa situación creó una leyenda que llegó a confundir las interesadas dádivas provenientes del exterior, con una potencialidad económica inexistente.

Quizás por esa razón, los beneficiados económicos directos, receptores de las efímeras riquezas que aquella situación produjo, al llegar a Estados Unidos, huyendo aterrados por las reformas que prometía el triunfo revolucionario en contra de la dictadura de Fulgencio Batista, alentados además por las desinformaciones de las agencias de inteligencia estadounidense, conservaron aquel aire de superioridad inmerecida.

Ese sentimiento no sólo fue patrimonio de quienes abandonaron el país por aquellos años de los sesenta y que además habían ostentado niveles de vida desproporcionados en relación a las riquezas naturales del país, sino también de muchos trabajadores simples que habían emigrado con anterioridad a Estados Unidos y que se vieron atrapados y a su vez alagados, con la leyenda de la abundancia que nunca existió.

Tal parece ser el caso de Rafael Bienvenido Cruz, padre del Senador por Texas Rafael Edward Cruz, más conocido como “Ted” Cruz.

Según cuenta el señor Cruz, cuando tenía 14 años fue apaleado por los esbirros de la dictadura de Batista. En ese entonces vivía en Matanzas, su ciudad natal. De acuerdo a su fecha de nacimiento dicha golpiza debió ocurrir en el año 1953.

Es dudoso que ese año, en Matanzas hayan ocurrido asonadas estudiantiles de estudiantes preuniversitarios, llamados en ese entonces de bachillerato. No fue hasta entrado el año 1955 y sobre todo 1956, bajo el liderazgo de líderes universitario como José Antonio Echevarría, que se despertó una conciencia estudiantil encaminada a las protestas callejeras en contra de la dictadura.

En 1957, dice el señor Cruz que viajó a Estados Unidos, aterrizando en Austin, Texas, según contó posteriormente, con el propósito de estudiar en la Universidad de aquel estado.

Por aquellos años y desde principios de la seudorepública que fue Cuba a partir del año 1902, las familias de holgados recursos económicos (no necesariamente ricos) enviaban a sus hijos a estudiar al “Norte”.

Pero volviendo a la golpiza y aceptando que haya existido, es interesante que Rafael Cruz le expresara a Robert T. Garllet del Dallas Morning News dos cosas contradictorias.

Primero que llegó a Austin en el año 1957 con $ 100.00 “cosidos en su pantalón”. Obviamente que con eso quería expresar que los traía escondidos.
Desde 1953 hasta 1957, el señor Cruz no recibió ninguna otra golpiza de los esbirros del dictador. A lo mejor su coraje se le ablandó con la primera.

En aquella época no había restricciones para extraer dinero del país. Incluso al triunfo de la insurrección revolucionaria en 1959, no se impuso ninguna medida de este tipo y las primeras surgieron cuando aumentaron las agresiones armadas provenientes de Washington. Por consiguiente no entendemos esta parte de la historia del Señor Cruz.

Lo segundo es que le dijo al periodista que “toda la vida” lamentará haber luchado a favor de Castro.

Se supone que Cruz luchaba por reconquistar las libertades conculcadas por el Golpe de Estado y para restaurar el sistema constitucional violado por Batista tres meses antes de las elecciones que se celebraban en el país cada cuatro años.

O sea, de saberlo, y de acuerdo a esas declaraciones, nos imaginamos que Cruz hubiese apoyado la dictadura de Batista y el régimen inconstitucional instaurado en Cuba desde el 10 de Marzo del 1952.

Si analizamos el desarrollo de cierta conciencia creada entre un sector, ya minoritario, existente entre cubanos de origen llegados en los años sesenta, podríamos deducir que una decisión semejante por parte de gente como Cruz, hubiese sido posible.

Precisamente una de las características de los cubanos que han ocupado cargos de suprema importancia en Washington y en muchos condados, ciudades y estados de Norteamérica, ha sido la de haber hecho causa común con los esbirros y violadores de la Constitución cubana de 1940, que lograron escapar a la justicia durante los primeros meses del triunfo insurrecto.

Este es el padre de “Ted” Cruz, un Senador que, como buen hijo de su padre de origen cubano, ha incorporado en su léxico una andanada de adjetivaciones peyorativas e irreales para referirse a Cuba y a la complejidad de un proceso que está muy lejos de poder comprenderse, si intentamos analizarlo en blanco y negro.

Qué podemos esperar de un hijo educado en estos principios políticos?

El padre además es predicador de una de las religiones cristianas que se caracterizan por su conservadurismo y cuyas prédicas tienden a fomentar indirectamente un chauvinismo nacional, contrario a las realidades de hoy y a las responsabilidades históricas contraídas por un país que se ha aprovechado de su poder para imponer reglas comerciales y financieras.

De este mundo, cargado de leyendas falsas, hijo de una persona que supuestamente se enfrentó a una dictadura y luego se reciente de haberlo hecho, ha nacido este muchacho convertido en Senador del país militarmente más poderoso del mundo y con una extraordinaria influencia política y económica.

Estos “pequeños” pero temibles antecedentes, convierten de facto a “Ted” Cruz en otra espina atorada en la garganta de Washington, para resolver la problemática cubana, país que sufre desde hace más de cincuenta años las actitudes hostiles de Estados Unidos de Norteamérica.

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