Envejeciendo: Entre el Lactosy y el café mezclado

Ancianos cuba

Hay un problema ético que es fundamental: ¿Vivir la mayor cantidad de años posibles sin tener en cuenta las condiciones en que se envejece? O ¿vivir una cantidad de años razonable (¿cuántos?) pero con una buena calidad de vida?

Por Antonio J. Martínez Fuentes*

“Una cosa es el modelo de determinadas personas
notorias y otra cosa es el anciano común que
está por nuestras calles y que a veces
está muy tenso, que a veces está muy
incomprendido por la familia, por la sociedad…”
José Alejandro Rodríguez, 18 de octubre de 2013

La Mesa Redonda del pasado viernes 18 de octubre provocó diversas reacciones, por lo que he podido apreciar en conversaciones que he tenido con colegas y amigos que conocen que trabajo el tema,  así como  a través de correos electrónicos.

Cuba envejece, es cierto, lo sabemos desde hace tiempo, y se sabe que seguiremos envejeciendo más, que según las estimaciones para el 2030 será casi el 30% de la población que esté en esa categoría de edad o censal, o demográfica, que antes llamábamos viejos, ancianos, etc. Pero que hoy la mayoría prefiere llamarle de forma mas edulcorada: adulto mayor, tercera edad, juventud acumulada, personas de edad, etc.  ¿Es que será malo ser viejo, será denigrante? Demográficamente por lo general se emplea como punto de corte la edad cronológica de 60 años, para marcar el inicio de esta etapa, aunque hay países que toman los 65 años, en Cuba, para algunos propósitos se emplea esta última. (Unos datos que consulté hace tiempo, si mal no recuerdo de la ONU, estimaban para el 2050, el 38% de ancianos para Cuba, y el 34% para ¡Europa!).

Pero no es mi intención discutir sobre este aspecto de la categorización de las “etapas” de la vida. En fin, “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”. Somos una cadena de “etapas” que están muy entrelazadas, etapas artificiales como todas las categorizaciones que se pretenden hacer de los seres humanos, pues cada uno de nosotros es un ser único, con un proceso de crecimiento y maduración bilógica, psíquica, mental, social, etc., particular, propia (no es la unidualidad de  Edgar Morin, sino la unimultiplicidad).

No todos envejecemos de igual forma, no hay un patrón único de envejecimiento. Algunos antropólogos argumentan que esto ocurre debido a que la especie humana no ha aprendido aún a envejecer, que aún no está el “programa” en nuestra memoria biológica. Es cierto, cuando miramos antropológicamente hacia nuestro pasado lejano, comprobamos que este proceso es relativamente reciente. Lo cierto es que aún el envejecimiento  sigue siendo  lo que un investigador llamó “una verdadera caja negra”.

Entonces, es cierto, es un hecho, envejecemos, y es ciertamente un logro de la humanidad, un logro de la especie, pero es también, como se ha señalado: un desafío, un reto, para todos los países, pero  fundamentalmente para nuestro Tercer Mundo. Cuba envejece, pero envejece sin la base económica con que lo hicieron los países europeos, por ejemplo, entonces el reto para nosotros es doble; quizás triple debido a que hemos perdido la cultura de respeto al anciano que antes existía, y que es propia de  muchas culturas de África, Asia y América Latina, donde se venera la experiencia, la sabiduría, el conocimiento acumulado.

Hay un problema ético que es fundamental: ¿Vivir la mayor cantidad de años posibles sin tener en cuenta las condiciones en que se envejece? O ¿vivir una cantidad de años razonable (¿cuántos?) pero con una buena calidad de vida? Repito, este es un problema ético para el que cada uno tiene su respuesta. Es cierto que nadie quiere morirse pero nadie quiere llegar a viejo!

Cuba envejece, pero se aprecian incomprensiones para con los ancianos, irrespeto, maltrato, abuso, calamidades.  Diversos estudios realizados por estudiantes e investigadores así lo demuestran. Hace mucho tiempo que se implantó un término para calificar las actitudes prejuiciosas, los estereotipos y las discriminaciones hacia el  anciano, este es “viejismo”. Nuestra sociedad ya lo padece, quizás no en una situación alarmante, pero ya está aquí.

La gerontofobia, el miedo a envejecer, es más abundante, los medios tienen una gran responsabilidad en esto, pues los patrones de belleza pocas veces son de las llamadas personas de edad. El patrón de belleza, de éxito es  una/un joven,  además casi siempre de piel blanca (aunque ya este es otro tema en el que no voy a profundizar por ahora). La vejez no es una enfermedad, a pesar de que muchas estadísticas parecen decir lo contrario. Cada “etapa” de la vida tiene su “patrón” de salud-enfermedad. Envejecemos en una sociedad determinada, en una cultura determinada, en una economía determinada, estos son varios de los tantos elementos que modulan la calidad del envejecimiento. Hay que buscar en los genes, no podemos obviarlo, pero resulta más fácil acceder a las condiciones de vida, al ambiente en que se envejece.

Yo tengo 69  años, aún me siento productivo, no voy a decir lo clásico que “aún con una mente joven”  pues para mí es una de las manifestaciones de viejismo. El mensaje es este: Yo estoy viejo (eso es malo) pero mi mente esta joven (eso es bueno). Tenemos mucha exacerbación de lo juvenil, y es cierto, los jóvenes tienen que tener su lugar, tiene que ser oídos, tienen que ocupar responsabilidades; pero esto no es una competencia,  ni una carrera inter-generacional, es una cooperación inter-generacional.

Cuba envejece, pero hay que considerar los aspectos espirituales del envejecimiento, la recreación, la superación, el diseño de nuestras instalaciones, los ómnibus, las casas, en fin se precisa “diseñar” un mundo que no esta pensado para viejos; donde se rompan las barreas arquitectónicas y las barreras mentales (lo más difícil).

Decía que tengo 69 años, casi recién cumplidos, muchos amigos se interesan por saber hasta cuando seguiré trabajando; muchas veces, en tomo de broma, respondo que eso depende del P-2, o de la 37, pues no deja de ser cierto que llegar a El Vedado desde Lawton en otro gran desafío. Ahora mismo no puedo decir hasta cuando trabajaré, quisiera jubilarme a los 80 años, pero creo que para ese momento ya  mis rodillas no me permitirán seguir subiendo las escaleras de mi centro (quizás este siendo un poco pesimista, pues para esa época nuestra Facultad de Biología ya debería tener al menos un ascensor).

Por otra parte no puedo perder de vista el aspecto económico, debería  tener una entrada apreciable (en  otros tiempos), pero me cuesta mucho trabajo planear mi futura  vida desde la perspectiva económica. Tengo que sopesar, en términos tangibles e intangibles,  cuanto perderé y cuanto ganare con esa decisión.

Cuba envejece, pero tenemos que tener una tropa de ancianas y ancianas lind@s,  aguerridos (esto no es una broma, sería de muy mal gusto), respetados, orgullosos. Ancianos y ancianas que sean “tratados como seres humanos”, no como una simple acumulación de años, o un simple dato estadístico con fines diversos.

La forma en que los cubamos  sigamos  envejeciendo será otra cara de nuestro proyecto social.

Les doy mis disculpas por este  demasiado largo comentario. No termino aún, para concluir los dejo con el dramático  mensaje  leído por Arleen Rodríguez en la Mesa Redonda sobre la vejez que le fuera enviada por la hija de una anciana ya fallecida. Esta fue  efectuada el pasado viernes 19 de octubre (grabado en voz directamente de la TV). Les aconsejo que lean el mensaje hasta la despedida.

Estimada Arleen, antes que todo quiero agradecerle a Ud. y a las demás personas que confeccionan estas mesas redondas  que hayan seleccionado este tema entre tantos y tan importantes   que se necesitan tratar en nuestro país.

Tengo 65 años, le escribo a partir de las experiencias con mi madre, postrada durante más de 5 años, producto de una fractura de cadera de la que no pudo recuperarse entre otras cosas por su avanzada demencia senil que le impedía colaborar con la rehabilitación y en primer lugar porque desgraciadamente la operaron mal,  le enterraron el clavo en la cadera y eso implicaba una segunda operación que ella no hubiera podido rebasar, pero estas cosas, estas cosas pasan en todas partes del mundo, lamentablemente es así. Los médicos se equivocan, son seres humanos y no es de esto de lo que quiero hablar.

De lo que quiero hablar pienso que es extremadamente importante que se tomen medidas sobre esta situación es de lo siguiente: la falta absoluta  de ayuda a los  familiares cuando se enfrentan ante un hecho así, un anciano con demencia senil, un anciano postrado en una cama durante años. Sé todas las dificultades y escaseces que existen en nuestro país., pero también sé por experiencia personal que pueden encontrarse soluciones paliativas que le hagan más fácil al enfermo y a su  cuidador la triste y difícil situación de tener que enfrentar toda esa pesadilla.

Ver a un ser querido  con demencia senil, su mirada extraviada, perdida, haciendo cosas que jamás haría estando en sus cabales, dependiendo de la ayuda de sus hijos, cuando sabemos que la mayoría de nuestros padres y abuelos, han sido trabajadores responsables, personas dignas con orgullo es muy doloroso.

Voy al grano:

1.-Mi  madre al principio de su demencia senil no podía controlar los deseos de ir al baño a orinar  y se levantaba  en medio de la noche al baño iba orinándose por todo el camino,   con el peligro de caerse, incluso en una ocasión la que me caí fui yo porque resbalé con su orina.

Esto la avergonzaba mucho, entonces se me ocurrió  una idea, Ud. recuerda esas sillitas que existían antes y que he visto en algunos restaurantes  ahora para niños chiquitos. Ahí sientan  al  niño para que coman, pero también tenían orinalito,  las que se usaban en las casas, en las que estoy retratada por cierto eran así, cogí una silla del comedor, contrate un carpintero y le hice una sillita así a mi madre, me compré una tapa de inodoro, se le puso un cubo debajo y cuando ella  tenía que salir corriendo al baño, tenía su inodoro portátil al lado de la cama.

2.- Cuando ya no pudo caminar más después de su operación vino la otra odisea: cama fowler, ¿cómo conseguir una? En mi caso particular una amiga me prestó  la suya pero yo  ya  en mi obsesión por estas cosas pensé en otra posible solución a este  problema. En las playas hay esas camas plegables para coger el sol, no recuerdo el nombre, que tienen un mecanismo para   levantar la espalda, pues eso mismo se puede fabricar por industrias locales o por donde sea , yo le preparé algo así a mi madre cuando la levantaba de la cama tres veces al día y  la sentaba en un antiquísimo butacón de mi familia que tenía este sistema de subir y bajar el respaldar con una varilla, hice más, estaba preparado también con su posibilidad de orinar, ella podía orinar y defecarse sentadita o acostada en ese mueble, la palangana orinal en el piso y así era más fácil asearla.

3.- Otro  punto importante: pañales desechables. Son absolutamente incosteables pero necesarios, yo no los pude seguir comprando y una Dra. amiga me dio una idea, usar frazadas de piso, son absorbentes, se acostaba  mi madre sobre la frazada y debajo de la frazada su nylon para proteger el colchón, yo hasta se lo teñí de azul rosado para que se viera mas bonita. El anciano orina y la frazada absorbe bien la orina, se le cambia con el método de las enfermeras, virando el anciano  hacia un lado, doblando, pasando por debajo, en fin  eso se aprende y se puede así obviar el pañal desechable pero hay ancianos que todavía caminan y salen y los necesitan. Una posibilidad sería venderlos igual  que las intimas en la farmacia.

4.- Silla de ruedas. Hay que buscar la forma de a través de donaciones, compras, lo que sea,  adquirir sillas de ruedas que se les puedan alquilar a las personas que las necesitan, esto es fundamental.

5.- Colchones anti-escaras. Ídem

6.-   Muchas otras cosas más.

Se que todos estos muebles son carísimos, mi hermano me trajo una para mi madre, una silla de ruedas de aluminio, con su orinal y los brazos de la silla se abrían, esto era comodísimo cuando había que cargarla y levantarla  del butacón  a la cama. También se pueden hacer de maderas con bisagras, le iba  adjuntar una foto pero no he tenido el tiempo que me la mande una amiga por correo electrónico.

Perdone esta carta tan larga, que por supuesto no podrá leer ni es mi intención en la Mesa Redonda de mañana (Arleen dice: la estamos leyendo) pero algunas ideas de estas se pudieran mencionar. El desgaste del cuidador cuando no tiene a alguien que la ayude es inmenso y el daño físico y mental irreparable. Sé que el estado proporciona  una ayuda de enfermería, 325 pesos cubanos creo que es lo que se paga mensual, pero nadie, ninguna enfermera hace ese trabajo bien por ese dinero.

 En la época de mi madre las enfermeras jubiladas que pude contratar cobraban tres CUC   por doce horas de trabajo, ahora cobran 5; mis hermanos que viven fuera y Mr. Helson (no entiendo bien la pronunciación) my friend, como dirían los Beatles que tanto escuché, y aún escucho, en mi juventud, me ayudaron a costear esos gastos y mi madre tuvo   la asistencia médica que necesitaba y yo pude ayudarla sin enfermarme.

Sabe una cosa, no las critico, ese es otro tema, el de los  salarios de los médicos, enfermeras y en general de  todos los trabajadores en este país, ni hablar de las jubilaciones de los ancianos pero sé que el gobierno está consciente de todo esto y que se está trabajando en  tratar de solucionar todos  estos problemas. El tema salario real y nominal, precios oferta y demanda es complejísimo y se que se ha tratado y se seguirá tratando en la prensa, la Asamblea Nacional y en todos los organismos económicos de este país, que se encuentran enfrascados en enderezar  la economía de nuestro pueblo, pero  le aseguro que la persona que no tiene recursos económicos para contratar a alguien que le ayude, cuando enfrenta una situación con un anciano postrado durante años es muy dura.

Escribo con pseudónimo, soy tímida  y le  tengo pánico a la televisión y a que mi nombre se maneje por ese medio,   le he hablado con total sinceridad de un tema como puede darse cuenta que me obsesiona por que lo padecí y porque veo a mis amistades padeciéndolo y desesperadas.

Un saludo afectuoso,

De Mercedes.

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