ANTONIO GUERRERO : “EN LA PRISIÓN SIEMPRE FUIMOS LIBRES EN PENSAMIENTO”

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París (PL) “A nadie la quepa duda de que en la prisión siempre fuimos libres en el pensamiento, en el corazón, en la alegría”, una frase dicha por el antiterrorista cubano Antonio Guerrero que lo reafirma como un revolucionario excepcional.

Así expresó para manifestar su sentir y el de sus cuatro hermanos de lucha durante los años de injusta prisión en cárceles de Estados Unidos.

Guerrero se encuentra por estos días en Italia, donde participa en diversas actividades. El 16 y 17 de mayo asistió como invitado especial al IX Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, que tuvo lugar en la ciudad de Venecia.

Desde Roma compartió con Prensa Latina, en la capital francesa, algunas ideas sobre su viaje y las muestras de solidaridad recibidas.

PL: ¿Qué siente al poder ponerle rostro a la solidaridad que recibieron durante los años en prisión?

AG: He sentido de cerca el calor, la hermandad, el amor hacia Cuba expresados por los amigos de nuestro país en Italia. He estado en dos ciudades bellísimas e importantes: Venecia y Roma. En ambas he visto mucha solidaridad con la isla, mucho espíritu de continuar con las otras batallas que tenemos por delante.

En lo personal, a nombre de mis hermanos, es un altísimo honor y una gran satisfacción poder agradecer todo lo que hicieron por nosotros y lo que han hecho por Cuba.

Al mismo tiempo, hemos establecido el compromiso de seguir adelante en nuevos retos, como lograr el levantamiento del bloqueo impuesto por Estados Unidos contra nuestro país y apoyar a la hermana nación venezolana, porque el objetivo de cada revolucionario, de cada gente comprometida con los ideales que tenemos, es lograr un mundo mejor.

Es muy impresionante ver que en Italia, un país capitalista, haya personas con ese nivel de conciencia y de claridad con relación a la importancia de esta lucha, lo cual demostraron en la batalla por nuestra libertad.

Aquí hemos compartido historias, anécdotas, vivencias, sentimientos, pero sobre todo hemos compartido ese espíritu, ese ánimo de no descansar y de no defraudar lo que hemos construido.

Uno se lleva los rostros y las personas en el corazón. Me he encontrado personas que me escribían cartas. Nunca pensé poder verlos algún día, lo cual ha sido muy emotivo.

PL: Usted participó en Venecia como invitado especial en el IX Festival Internacional de Poesía Palabra en el mundo, ¿qué significó la poesía para usted durante el encierro?

AG: Nosotros empezamos a escribir poemas a modo de resistir aquel tiempo inicial bastante cruel en que se nos quería doblegar y se nos impuso el castigo de estar 24 horas aislados en una celda.

Entonces me dio por escribir poemas y resultó que esa poesía sirvió de resistencia, no sólo a mí mismo, sino también a mis hermanos. Después se fue expandiendo por muchos lugares del mundo.

Los versos aquellos que pensábamos que ni siquiera tenían un valor poético muy grande, porque los hicimos solamente para vencer las largar horas que teníamos que sufrir ahí, fueron llegando a muchos lugares, y llegaron a Venecia un día.

Yo andaba un poco sorprendido con eso y me alegraba de que fueran útiles. En este Festival, donde participaron poetas de varios países, sentimos que había un ambiente no sólo poético sino también de reconocimiento a Cuba, a la resistencia de nosotros cinco y de nuestro pueblo.

Además, al valor de la cultura de nuestro pueblo, porque a nadie se le hubiera ocurrido escribir poesía si no tuviera la cultura que nosotros heredamos y aprendimos en nuestras escuelas, a lo largo de nuestra vida.

Esta poesía en Venecia fue otra arma que sirvió para llevar un poco la voz de Cuba con la de los amigos que estaban allí y se crearon unos lazos de amistad muy hermosos con los poetas que participaron en el evento y con las personas que asistieron. Para mí fue una experiencia inolvidable.

Inicialmente, el viaje a Italia era para participar en el Festival. Posteriormente los círculos de amistad propusieron un plan de actividades por diferentes ciudades del país.

Uno viene y asiste sin saber qué va a pasar. Es realmente importante y hermoso poder estar en contacto con estas personas que nos conocían a través de imágenes, para que nos puedan ver como un compañero más de lucha, que es lo más importante, y como un símbolo de lo que somos los cubanos.

PL: ¿Qué otros recursos les sirvieron para resistir el injusto encierro?

AG: Uno se siente preocupado cuando te arrestan y conoces que estás en una situación complicada, pero todos nos sentíamos tranquilos por nuestra inocencia, porque sabíamos la pureza de lo que estábamos defendiendo y porque no le habíamos hecho daño a nadie.

Ahí tu resistencia comienza a ser muy fuerte, cuando sientes que eres un hombre inocente. Además teníamos principios y como decía Martí: “un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

Nosotros nos decíamos: una vez más están poniendo a prueba a Cuba, porque eso fue lo que trataron: en nosotros castigar a Cuba, y nuestro pueblo siempre ha resistido con su voluntad, razones y derechos.

Por eso estábamos tranquilos, resistiendo y dispuestos a morir incluso en la prisión, ya que llevábamos por dentro un poco ese espíritu martiano, del Che, de Fidel, de nuestro pueblo.

Sabíamos que desde allí estábamos cumpliendo un deber y conscientes de que jamás estaríamos abandonados, aun cuando no teníamos comunicación.

Después empezó toda la ola de solidaridad y ya éramos más libres, porque siempre fuimos libres. A nadie la quepa duda de que en la prisión siempre fuimos libres en el pensamiento, en el corazón, en la alegría. Nunca hubo ninguno que estuviera pesimista, siempre optimistas.

Y el resultado así lo demuestra. Lo que nuestro país es capaz de hacer, lo que la Revolución es capaz de hacer porque no abandona a sus hombres.

Cuando regresamos Gerardo, Ramón y yo el 17 de diciembre pasado, todos sabemos que se tuvo que reconocer, aunque hubieran pasado tantos años, dónde estaba realmente la justicia.

Desde la prisión, te repito, nos sentíamos muy útiles, cumpliendo el deber y tranquilos, pasara lo que pasara, pero seguros de que no habría ni un minuto de descanso para traernos de regreso.

Entonces empezaron a aparecer los amigos del mundo. Se podía tener una dimensión desde la cárcel, sabíamos que Cuba tenía muchas relaciones, pero son realmente amigos muy entregados y sacrificados, gente que con sus propios recursos apoya a Cuba con un cariño tremendo, porque siente que nuestro país es un faro.

Como se ha podido ver, regresamos cinco hombres con tremenda voluntad y con tremendo espíritu, como lo tiene nuestro pueblo, de seguir echando para adelante la Revolución y lo que defendemos.

Tenemos un gran deseo de trabajar, de hacer, de agradecer. La disposición está ahí, donde sea necesario pueden contar con nosotros cinco.

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