Correa: “Atrás quedaron las recetas del fundamentalismo neoliberal”

CODurante el Informe a la Nación, el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, hizo un repaso detallado por las cifras del crecimiento económico que ha registrado el país andino durante el último año en el contexto de un proceso político que lleva ocho años de gestión.
Correa destacó una situación fiscal sólida, una eficiente recaudación de impuestos y la baja en los índices de desigualdad y la pobreza, lo que calificó como “una marca propia de la Revolución Ciudadana”.
Tras una difícil situación en la que confluyeron la baja de los precios del petróleo y la apreciación del dólar, en el único país de la región con una economía dolarizada, Ecuador pudo salir adelante gracias a una fuerte inversión pública y decisiones como la aplicación de salvaguardias a importaciones que, según Correa, no tuvieron impacto en la inflación.
“Siempre dijimos que nuestra variable de ajuste en caso de problemas iba a ser la inversión pública, no los torpes fonditos de liquidez, que además de atentar contra el principio fundamental de la macroeconomía, de convertir lo más eficientemente ahorro en inversión, esos fonditos para lo único que servían era para garantizar deuda externa”, recordó el mandatario.
“Hemos demostrado que con petróleo o sin él nuestra economía es sólida, que teníamos razón cuando en lugar de ridículos fonditos petroleros debíamos mantener al máximo nuestras energías sociales por medio de adecuada inversión y, por supuesto, aplicar medidas técnicas sin afectar jamás a los más pobres”, expresó.
Durante su informe a la nación, el presidente Correa destacó también la solidez fiscal y mencionó que en ocho años la recaudación tributaria como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) pasó del 10 al 13,5%, lo que equivale a un incremento de 8.930 millones de dólares. Hizo énfasis en que 9,14 de cada diez dólares de ese incremento corresponden a la gestión del Servicio de Rentas Internas (SRI) y apenas 0,86 son producto de reformas tributarias, lo que evidencia, dijo, mayor eficiencia del ente estatal.
Por otra parte, indicó que el gasto corriente está en 15% del PIB, tres puntos por debajo del promedio de la región. “Desde el 2007, los ingresos permanentes del Estado, básicamente impuestos, financian todos los gastos permanentes, esencialmente sueldos y salarios, lo cual es la verdadera medida de solvencia fiscal. En contabilidad privada, esto equivale a tener utilidades operacionales”, subrayó.
Correa resaltó que Ecuador es el país que más inversión pública tiene en la región “y es para el bien común de nuestros ciudadanos”; el promedio de inversión pública en América Latina es apenas el 4% del PIB, en el país andino “casi triplica” es cifra.
“Atrás quedaron las recetas del fundamentalismo neoliberal que, en nombre de una supuesta prudencia fiscal –aunque no lo crean-, llegó a prohibir por Ley la inversión pública, a limitar todo el gasto público al incremento de solo 1,3% anual en términos reales, mientras el pago de la deuda externa no tenía límites”, recordó.
En este contexto, añadió que pese al discurso de la oposición política y mediática, Ecuador es uno de los seis países menos endeudados de la región con un coeficiente de deuda pública PIB de menos del 30% en 2014 frente a un promedio de 39% en la región
“Hemos recuperado el estado para garantizar derechos”
En la primera parte de su intervención, que se extendió por más de una hora, Rafael Correa destacó que se ha recuperado el Estado para garantizar derechos tras la legitimidad que le han dado diez elecciones consecutivas ampliamente ganadas por la “Revolución Ciudadana”.
“Hemos recuperado el Estado para garantizar derechos. Ha crecido la clase media y el mayor acceso a educación construye ciudadanía empoderada que nos controla y tiene la obligación de involucrarse para edificar con el Estado el bien común. Es una ciudadanía republicana y no liberal (…) que no solo demanda derechos sino que participa y tiene obligaciones. Que busca la libertad republicana que es la no dominación y no la ingenua libertad liberal, que es tan solo la no intervención”, apostilló.
Agregó que su proyecto representa a una “izquierda moderna” donde el Estado “es solo una herramienta al servicio de la ciudadanía” y que jamás defenderá el estatismo sino el empoderamiento ciudadano.
Exhibió las cifras de disminución de la pobreza: una caída del 38,3% en 2006 al 25,3% en 2014 (12,5%, según la Encuesta de Condiciones de Vida). De los cuales 7,1% se deben a políticas redistributivas y 5,4% a crecimiento económico.
“Ello deja claro que nuestros logros no son una cuestión de suerte ni obedecen a una supuesta bonanza petrolera sino a decisiones políticas en favor de los intereses mayoritarios, del bien común, y sobre todo de los más pobres”, resaltó y contrastó que de 1995 a 2006 la reducción de la pobreza fue de apenas un punto.
Por otro lado, reseñó que entre 2006 y 2014 todos los hogares del país mejoraron su nivel de consumo en un promedio de 23,6%, pero el consumo del 10% más pobre de la población aumentó casi en 55%; mientras el consumo del diez por ciento más rico creció apenas en un 16%.
Esto permitió bajar el coefciente de GINI por consumo de 0,45 en 2006 a 0,4 en 2014.
“Nuestro crecimiento ha sido ‘ProPobre’, es decir, el bienestar de los más pobres a mayor velocidad que el bienestar de los más ricos, lo que conlleva la construcción de una sociedad más igualitaria y más cohesionada. Podemos señalar que la marca de la reducción de la desigualdad y de la pobreza, a la vez, es una marca propia de la Revolución Ciudadana”, manifestó Correa.
El mandatario dijo que la reducción de la desigualdad y la pobreza “ha venido de la mano” del acceso a derechos: el incremento de matrícula, tránsito y egreso de la educación en todos sus niveles ha sido más rápido en los estratos más pobres que en el resto de la población, y lo mismo sucede con el incremento en el acceso a la seguridad social y a la salud.
Esta democratización del acceso a capacidades humanas, a decir de Correa, rompe con la transmisión intergeneracional de la pobreza y la desigualdad que históricamente ha padecido Ecuador.
No obstante, precisó que esta lucha contra la pobreza jamás se puede confundir con paternalismo y la correspondiente victimización que tanto daño ha hecho a los mismos pobres y que los inmoviliza y los vuelve objetos y no sujetos de su liberación, pues para las élites es más fácil regalar dádivas y no corregir los problemas estructurales para que los excluidos se miren como iguales.

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