Biografía del dolar

47BAUTISMO Y JUVENTUD. Los señores feudales europeos tenían peajes a la entrada y salida de cada valle (en alemán ‘taller’) donde las mercancías pagaban un impuesto por su ‘peso’, medido en ‘libras’, etc. Pero la primera moneda expresamente acuñada para eso (por el Reino de Bohemia en 1520) fue el “thaler”, luego en checo ‘tolar’, en húngaro ‘tallér’, en polaco ‘talar’, en noruego, danés y sueco ‘daler’, en Islandia ‘dalur’, en etíope ታላሪ (“talari”), en italiano ‘tallero’, en español ‘tálero’ y en inglés -por vía del holandés- dollar.  El ‘daler’ holandés era una moneda usada en las Indias Orientales y en la colonia holandesa de Nueva Holanda (hoy Nueva York), que circulaba por las 13 colonias de Norteamérica en los siglos 17 y 18, popularmente conocida por su imagen como el “dólar de león” y, cuando estaba muy gastada, como “dólar de perro”. Se la abreviaba con el signo de los pesos hispanoamericanos ‘Ps’, luego la S se montó en la P, pasó a ser $: que se mantuvo cuando el nuevo dólar propuesto por el Secretario del Tesoro Alexander Hamilton, fue adoptado como moneda oficial, en 1791. El dólar era de plata, aunque la abundancia del metal dorado que produjo la “fiebre” del oro” de California (1849), permitió acuñar el famoso dólar de oro, de corta vida antes de la Guerra Civil, con diámetros que nunca pasaron del 1.5 centímetros, y la famosa ‘Doble Águila’ de 20 dólares, mucho más longeva. Traicionado Bolívar y disuelta en 1830 la República de Colombia (“Gran Colombia”), el pedazo que fue República de Venezuela no tuvo posibilidad de tener dinero propio. Durante este periodo circularon legalmente monedas de oro y plata de varios países, siendo la más popular de todas la ‘Doble Aguila’ emitida en entre 1849 y 1933, llamada “morocota” por su parecido al dorado pez morocoto, nombre que pasaría al equivalente venezolano, el “Pachano” de 1886, también con valor nominal de 100 bolívares, y que debía su nombre al Dr. Jacinto Regino Pachano, director de la casa de la moneda durante el gobierno de Guzmán Blanco. EL DOLAR VA A LA GUERRA. A principios del siglo 20, el dólar era popular en Cuba, México y Panamá por la presencia estadounidense, y en Venezuela por la industria petrolera, pero no era importante entre las monedas del mundo, hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando el inmenso poderío industrial convirtió a Estados Unidos en el “arsenal de la democracia”, y toda su ayuda a los aliados fue pagada en oro, convenientemente amontonado en Fort Knox. El irreversible avance soviético sobre territorio nazi y la seguridad que nada detendría a las tropas anglosajonas desembarcadas en Normandía el 6 junio 1944 (Día D), condujo a la Conferencia de Bretton-Woods, New Hampshire, entre el 1° y el 22 de julio de ese año, donde se fijó la disciplina internacional de cambios para el Sistema Monetario Internacional, y que funcionó entre 1948 y 1971, basada en un sistema de patrón de cambios-oro, en el cual todas las monedas de los socios debían ser convertibles al dólar, siéndolo éste a su vez convertible al oro a un precio fijo. EDAD DE ORO. En los años de 1945 a 1960 EEUU era la primera potencia económica del mundo, productora del 80% de los productos industriales que se consumían en el planeta (exceptuando la URSS), y todas las negociaciones del petróleo eran (y aún son) obligatoriamente en dólares, en las bolsas de Londres y Nueva York. El dólar,  respaldado en oro, se hizo la primera moneda del mundo. Sin embargo, en esa década, la URSS traspasó sus reservas en dólares desde EE.UU. a bancos europeos por temor a un embargo (origen de los eurodólares), y desde 1960 se acentuó la desconfianza por el dólar dentro del patrón de cambios-oro. Entre 1949 y 1968 los dólares-billete en el exterior de EE.UU. pasaron de 6.400 a 35.700 millones mientras que las reservas de oro en poder de EE.UU. pasaron de $24.600 a $10.400 millones. CRISIS DE MEDIA EDAD. Los años 60 vieron surgir otros gigantes industriales y comerciales, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Japón, y la hegemonía económica de los EEUU comenzó a flaquear, mientras el militarismo, la guerra de Vietnam y la conquista del espacio producían beneficios sin producir realmente nada. Cuando los países comenzaron a cambiar sus reservas de dólares por oro, Nixon adoptó una medida drástica y ordenó, el 15 de agosto de 1971, cerrar la ventanilla de cambios de oro por dólares y terminó así con el régimen de libre convertibilidad del dólar y el oro. Disminuyeron las reservas de Fort Knox y en la Bolsa de Londres el oro rebasó la vieja paridad de 35 dólares la onza. Se creó el “Pool del Oro” con los bancos centrales más importantes de Europa para mantener su precio vendiéndolo en el mercado libre a más de 35 dólares la onza. En 1967 Francia abandona el ya poco efectivo Pool, que se suprime en 1968, año en el que entran en vigor nuevos mecanismos que pronto se revelaron insuficientes para afrontar las necesidades de liquidez monetaria internacional. Empeoró la situación por el aumento del déficit de la balanza de pagos de EE.UU., por los gastos en Vietnam y  el expansionismo de las transnacionales norteamericanas. VEJEZ Y DECADENCIA. En los 70 se hizo mayor la dificultad en la cooperación de los bancos centrales europeos y de Japón, que ahora no podían convertir sus enormes stocks de dólares. Los abusos de EE.UU. respecto de los pactos de Bretton Woods habían sido demasiado graves como para resolverlos con simples reajustes. En los primeros meses de 1973, el precio del oro en el mercado libre llegó, por primera vez en la historia, a $134 la onza. Esto era amenaza seria para el doble mercado del oro, establecido en 1968. La diferencia entre precios libres y mercado libre era demasiado grande para mantener la ficción. Y por ello, el 14 de noviembre de 1973 se adoptó la decisión de suprimirlo, permitiéndose desde entonces a los bancos centrales liquidar sus reservas de oro al precio libre, sin ninguna cortapisa. Así se daba un paso importante en la desmonetarización del oro, y en su abandono definitivo como patrón monetario. A partir del 14 de noviembre de 1973, las paridades oro fijadas en el FMI se convirtieron en puramente simbólicas. Del patrón fiduciario Dólar, se pasó definitivamente al Patrón Dirigido Dólar: ya no había ningún límite para la expansión de la moneda de EE.UU. en el mundo, y de hecho su banco central (el Sistema de la Reserva Federal) podría funcionar como un banco central mundial, pasando a ser el dólar una moneda inorgánica pero prácticamente de curso forzoso para todas las transacciones internacionales. El valor del oro en dólares, según las cotizaciones de los distintos centros financieros (dólares por onza troy de 31,1 gramos), sigue siendo una referencia básica para estimar la tendencia al alza o a la baja de la principal moneda de reserva. Desde el punto de vista financiero, es un activo que históricamente ha servido como instrumento de cobertura por su resistencia a la inflación. La aparición de otros instrumentos, han reducido su papel en las carteras de los grandes inversores. Ronald Reagan (1981 a 1989), llegó a decir que la deuda de los EEUU, si se ponía en billetes de 100 dólares uno arriba de otro, llegaría a la Luna. El dólar (y el dinero en general) se volvieron visiblemente lo que eran esencialmente: una abstracción, y el neoliberalismo que inaugura Reagan, da inicio a un culto del beneficio sin producir, y al reino de la deuda como capital. Para el capitalismo es el fin de su tradicional ‘destrucción productiva’ y el inicio de la ‘producción destructiva’ del planeta y sus sociedades. LARGA AGONÍA. China, por llegar tarde al capitalismo desarrollado, y Rusia por tener que reinventarlo después del derrumbe de la URSS, convierten su atraso en ventaja: sus economías se vuelven rivales poderosos de la norteamericana, que ven al dólar como a un viejo enemigo en su lecho de enfermo. Europa, cuyo EURO cohabita en la misma casa de Occidente, apoya al dólar pero no quiere contagiarse. Y así llegamos a “Dólar Today” y los gnomos opositores de Miami, Bogotá y Cúcuta, que usan el dólar para lo único que aún sirve, para hacerle daño a los países progresistas, que escaparon del modelo catastrófico neoliberal. Usan a un muerto para dañar a sociedades vivas, como cuando el Imperio romano, con sus catapultas, lanzaba cadáveres a las ciudades sitiadas, esperando provocar epidemias. La suerte de millones de personas depende de si logramos resistir a la infección del dólar y al cerco económico, como resistieron Bolívar y los patriotas a los ejércitos de Pablo Morillo y el Rey de España.

Fuente:elvocerodigital

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