¿Se puede esperar por parte de los EEUU una campaña mediática contra los desmanes de Israel?

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Por: Darío L. Machado Rodriguez

La noticia ha causado asombro, consternación, pero sobre todo indignación en todo el mundo. Soldados israelitas con armas de combate, cumpliendo órdenes de su gobierno, abordaron en plena noche y en aguas internacionales, en típica acción comando, una flotilla de seis embarcaciones en la que viajaban cientos de civiles desarmados empeñados en la misión solidaria, humanitaria y pacífica de aliviar las penurias del sufrido pueblo palestino en la Franja de Gaza, llevando alimentos y otros suministros.

El gobierno de Israel, muy lejos siquiera de detenerse a analizar los detalles de la ejecución real de su planeada agresión, respondió de inmediato que los soldados dispararon “en defensa propia”. El discurso ya estaba escrito. Solo una desmedida y bestial prepotencia puede generar tal reacción, que además de ofender la inteligencia de cualquier mortal despierta una natural aversión. Los gobernantes israelíes habían hecho advertencias a los activistas, solo que no tenían ningún derecho a hacerlas y mucho menos a ejecutar la criminal agresión.

Resulta que los que entraron amparados en la noche, armados hasta los dientes, abordando como piratas una embarcación desarmada repleta de civiles, son “las víctimas”, “los atacados”, mientras los civiles: turcos, norteamericanos, europeos, latinoamericanos, judíos, activistas sociales, personas del mundo del arte, parlamentarios, todos desarmados, en misión pacífica, entre ellos también un premio Nobel y un sobreviviente del holocausto, fueron “los atacantes”, “los culpables” de que se hayan producido tantas muertes y tantos heridos.

Para avalar la mentira han divulgado un vídeo en el que muestran un tirapiedras y algunos tubos que pueden encontrarse en cualquier embarcación o pueden haber sido colocados ex profeso.

La mayoría de los activistas están presos y después del uso descomunal de la fuerza ahora apareció en todo el operativo el término “opciones legales” y fue nuevamente para amenazar a los activistas: “Todos los que levantaron una mano contra un soldado serán castigados con todo el peso de la ley”. La declaración la hizo el ministro de Seguridad Interna del gobierno sionista Yitzhak Ahanonovitch, quien anunció que la policía reúne pruebas para demostrar que los activistas atacaron a los soldados con puñetazos, porras, cuchillos e incluso disparos. Los únicos culpables de la masacre se esfuerzan por colocar su versión espuria.

Con la mayoría de los activistas presos, solo se han podido escuchar algunas pocas declaraciones de las víctimas del nuevo drama protagonizado por la violencia de una ideología cruel y prepotente a la que cada vez menos y ya muy pocos en el mundo justifican. Entre las primeras declaraciones de los activistas que se han podido conocer está la de la cineasta brasileña Iara Lee, quien afirmó que los soldados entraron en el barco y comenzaron a disparar, además de gritarles que eran terroristas. Otros integrantes del convoy humanitario dijeron que los soldados israelíes les dispararon a pesar de que estos mostraron banderas blancas.

Tales afirmaciones desbaratan rápidamente las cabriolas verbales de los gobernantes israelíes tratando de explicar lo inexplicable. Primero hay que preguntarse qué hacían tantos medios militares desplegados en aguas internacionales, luego lo elemental ¿quién les dio derecho a abordar por la fuerza esas embarcaciones en aguas sobre las cuales ese gobierno no tiene jurisdicción alguna? En tercer lugar, ¿qué tendría de extraño que alguien se haya defendido de tan injustificada y feroz  brutalidad? Lo ocurrido solo puede calificarse de terrorismo de Estado y crimen de lesa humanidad. Los únicos responsables son los mismos que quieren matar de hambre, sed y enfermedades a los palestinos en Gaza.

Es tan grosera e incivilizada la agresión que dentro del propio Estado israelí se ha desatado una ola de críticas en los medios de prensa, aunque los títulos presagian no pocos enfoques inaceptables “Los desaguisados como método de acción”, “Completa estupidez”, “El precio de una política deficiente”, “Fiasco en alta mar”.

Los gobernantes sionistas juegan el papel de gran potencia y lo hacen de modo irresponsable y criminal. No les importa la condena de las Naciones Unidas y se dan el lujo de tildarla de “precipitada” e “hipócrita”. El portavoz de relaciones exteriores de Israel Yigal Palmor declaró que la ONU no se dio tiempo para considerar todos los hechos y que la condena “…constituye una gesticulación automática basada únicamente en determinadas imágenes televisivas y no en un conocimiento de los hechos, además de una dosis impresionante de hipocresía”.

Cuando las evidencias son tan palpables y tratándose de un Estado que ha dado sobradas pruebas de su filosofía violenta y criminal, que tiene sobre su conciencia miles y miles de muertos palestinos y carga numerosas condenas internacionales a pesar del respaldo que han tenido de los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, y que es responsable de brutales masacres perpetradas por sus soldados en Gaza, ¿A qué hay que esperar? ¿Cómo olvidar la operación “Plomo fundido”, lanzada el pasado año contra Gaza en la que los soldados israelíes mataron a 1417 palestinos, 437 de ellos niños, e hirieron a más de 4000 personas, en la que además emplearon fósforo blanco, arma prohibida por los daños que causa a los civiles?

Ojalá esta sea la gota que colme la copa y esta vez, el crimen no quede en el olvido y se abra un camino de paz y justicia para el pueblo palestino. La humanidad carga con esa deuda.

Una vez más los desmanes de los gobernantes israelíes ponen a los grandes medios noticiosos internacionales norteamericanos y a todos sus institutos ideológicos, ante la disyuntiva de ignorar, opacar o desdibujar la responsabilidad y crueldad de los sionistas y la naturaleza criminal de estos hechos, o hacer una campaña mediática responsable para contribuir a ilustrar a todo el mundo acerca de la verdad. Por lo pronto se ha sabido que un portavoz de la Casa Blanca declaró que su país lamentaba profundamente la pérdida de vidas así como los heridos y “está actualmente trabajando para entender las circunstancias que rodean esta tragedia”. Vivir por ver.

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