LOS ADULTOS,EL NUEVO OBJETIVO DE LA INDUSTRIA TRAS EL DÉFICIT DE ATENCIÓN

El tan mentado déficit de atención, que hasta ahora se atribuía principalmente a los niños, se ha extendido abruptamente a los adultos en Estados Unidos.

Los adultos ahora son el 53% de los pacientes a los que se expide recetas de medicamentos para el TDAH, como se conoce a este síndrome, según datos del 2014 recogidos por la compañía biofarmacéutica Shire Plc. Solo en ese año se emitieron 63 millones de recetas que han puesto a Vyvanse como el fármaco más utilizado para el tratamiento.

En 2007 los niños representaban el 61% y los adultos el 39%. En 2014 la cifras indican una inversión: los niños son el 47% y los adultos el 53%.

Según algunos estudios, el déficit de atención permanece con el tiempo en las personas. Bloomberg Business indica que ahora existe“una creciente conciencia de que (el TDAH) se puede heredar”. Pero al parecer esa “conciencia” no se basa tanto en pruebas científicas como en el deseo de la empresa Shire de expandir sus mercados. Según el mismo medio, el enfoque en los adultos es un esfuerzo de Shire por ampliar las ventas. Por ello la empresa ha hecho énfasis en la información sobre estudios en los adultos que pueden brindar los ejecutivos de ventas a los médicos.

Si en 2011 la industria sumaba 0.85 billones de dólares, hoy en día está en 1.45 billones. 

El déficit de atención pasó a ser considerado un trastorno desde la edición 1993 el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Los cuestionamientos sobre esta denominación son importantes debido a que las características asociadas al TDAH parecen ser las características de un niño normal.

La cuarta edición del manual (DSM IV), por ejemplo, describe así las características del diagnóstico: “Los sujetos afectos de este trastorno pueden no prestar atención suficiente a los detalles o cometer errores por descuido en las tareas escolares o en otros trabajos. El trabajo suele ser sucio y descuidado y realizado sin reflexión. Los sujetos suelen experimentar dificultades para mantener la atención en actividades laborales o lúdicas, resultándoles difícil persistir en una tarea hasta finalizarla . A menudo parecen tener la mente en otro lugar, como si no escucharan o no oyeran lo que se está diciendo”.

Dejando de lado los aspectos subjetivos como la limpieza o la falta de reflexión ¿qué niño no comete errores, es descuidado, es distraído y parece estar en la luna? El mismo documento, que señala que la mayoría de las veces los síntoma aparecen antes de los 7 años, usa argumentos realmente muy cuestionables como: “Los niños pequeños y preescolares con este trastorno difieren de los niños pequeños normalmente activos por estar constantemente en marcha y tocarlo todo; se precipitan a cualquier sitio, salen de casa antes de ponerse el abrigo, se suben o saltan sobre un mueble, corren por toda la casa y experimentan dificultades para participar en actividades sedentarias de grupo en las clases preescolares”.

Según el DSM IV, en el que se basa la industria farmacéutica, al parecer un niño de menos de 7 años debería ser capaz de redactar una tesis en vez de tener deseos de comerse el mundo entero. Y si no puede hacerlo, debe ser medicado.

El psiquiatra Allen Frances, quien participó justamente en la elaboración de del DSM IV, publicó a finales del año pasado un “manifiesto contra los abusos de la psiquiatría”. Frances, en el libro titulado ¿Somos todos enfermos mentales? señala que el mundo del diagnóstico de las enfermedades psiquiátricas se ha salido de control, que en realidad solo en raras ocasiones tomar una pastilla es la mejor solución y que “las personas normales tienen que ser salvadas de las poderosas fuerzas que tratan de convencernos de que todos estamos enfermos”.

Sobre el déficit de atención señaló al diario El País hace poco: “en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control”.

Con las nuevas cifras que ponen por delante a los adultos en el consumo de medicamentos contra “el déficit de atención” las empresas parecen haber llegado a una conclusión clara: ¿si los pudimos convencer de que sus hijos estaban enfermos, por qué no podemos convencerlos de que ellos también lo están?

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