Temer se salva: La compra de votos en Brasil

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El presidente brasileño entregó cargos gubernamentales, recursos presupuestarios y otros agrados a parlamentarios que lo ayudaron a evitar un juicio político que podría sacarlo del cargo por las denuncias de corrupción. Los mismos diputados que dieron luz verde para la caída de Dilma Rousseff, mantienen a su sucesor durante al menos seis meses más.

Quizás a algunos parezca sorpresivo el resultado visto la noche del miércoles 2 en Brasil, donde el Congreso rechazó el pedido de la Procuradoría General de la República (la PGR, órgano similar a la Fiscalía Nacional) para instalar una investigación contra el presidente Michel Temer. Pero en Brasil la noticia se tomó con naturalidad. Ya se sabía que Temer tenía los votos suficientes para evitar el juicio -tanto que el relatorio que se votó ayer recomendaba no dejar que se investigara al presidente-.

Temer es acusado de corrupción en el caso de la grabación de una conversación suya con el empresario Joesley Batista, dueño del frigorífico JBS. El mandatario habría pedido 500 millones de reales al empresario para comprar el silencio del detenido ex diputado Eduardo Cunha, quien viene negociando con la Justicia un acuerdo de compensación en la pena en caso de que entregue información relevante sobre otros casos de corrupción. Se especula que Cunha tendría en Temer uno de los principales blancos de sus revelaciones, tratando de disminuir lo más posible su condena actual (de 15 años de cárcel).

Pero la denuncia no podrá ser investigada. Por 263 votos a favor y 227 en contra (además de 2 abstenciones y 19 ausencias), la Cámara de Diputados aprobó el parecer de la Comisión de Constitución y Justicia que pedía no permitir instaurar un inquérito -investigación- contra el presidente. En el discurso tras el resultado, Temer afirmó que “la decisión soberana del parlamento no es una victoria personal de nadie, sino que un triunfo del Estado democrático de derecho, probando la fuerza de las instituciones y de la propia Constitución brasileña”.

El salvataje a Temer llega casi un año después de que asumiera definitivamente la presidencia de Brasil, tras la maniobra legislativa comandada por él y por Eduardo Cunha para derrocar a la presidenta Dilma Rousseff. La curiosidad va por el hecho de que el proceso que llevó a la caída de Dilma fue impulsado con el slogan de que se trataba de luchar contra la corrupción, aunque la mandataria es una de las pocas políticas en Brasil que no tiene cargos y no responde a ningún tipo de proceso. Por el contrario, fue la responsable por sacar a los principales directivos de Petrobras involucrados en los hechos de corrupción investigados en el marco de la Operación Lava Jato. Aunque el hecho específico que originó el juicio político en su contra dentro del Congreso guardaba relación con una movida presupuestaria, que no configura crimen ni daños al presupuesto del Estado.

Compra de apoyo
De la curiosidad a la ironía, el reemplazante de Dilma ha sido el presidente que más ha figurado en denuncias de corrupción de la historia de Brasil. Además del Caso JBS, Temer es citado en listas de políticos que recibían coimas de constructoras para darles contratos con Petrobras, supuestamente con sobreprecio. Aunque ninguna de esas acusaciones llegó a la denuncia formal de la PGR al parlamento, como pasó ahora con el tema de las escuchas de Joesley Batista.

Días antes de la votación, la prensa brasileña y algunos parlamentarios opositores mostraron cómo Temer no ha contenido gastos este año, aumentando demasiado las despesas federales, tanto que el Ministerio de Hacienda considera la posibilidad de aumentar los impuestos debido a que el país necesitaba mayor recaudación para el año que viene. Los destinatarios de gran parte de esas platas son, coincidentemente, muchos de los diputados que votaron este miércoles por no dejar que se investigara al presidente.

Según el sistema de informaciones sobre el presupuesto federal, la cantidad de partidas no programadas originalmente en la agenda aprobada el año anterior rompió con creces el récord histórico, más que triplicando el gasto programado en 2016. Parlamentarios opositores, como la diputada Érika Kokay (del PT, partido de Lula y Dilma), presentaron a la misma PGR un documento del Senado donde se muestra detalles de ese número inusual de gastos recientemente adicionados al presupuesto por el gobierno.

En el documento consta que al menos 19 partidos de la base oficialista tuvieron recursos adicionales regalados por el gobierno. Esos recursos además fueron entregados directamente a los parlamentarios para que lo usasen libremente en sus programas gubernamentales en las regiones que representan. En promedio, cada diputado oficialista beneficiado habría recibido cerca de 2,4 millones de reales.

Parte del parlamento brasileño indignado por la corrupción del presidente Temer. Foto: AP.

El partido que tuvo los mejores regalos fue el PSC (Partido Socialista Cristiano, ligado a iglesias evangélicas), con 3 millones de reales (600 millones de pesos) a cada congresista; entre ellos, el polémico diputado ultraderechista y precandidato presidencial Jair Bolsonaro. Los parlamentarios que tuvieron los menores estímulos igual se llevaron al menos 1,4 millones de reales (alrededor de 300 millones de pesos).

Aunque los beneficiados por Temer suelen no expresar demasiado su gratitud -para no ligar su imagen a la de un presidente con solamente 4% de aprobación-, algunos sí lo hacen, incluso de forma pintoresca. El diputado Wladimir Costa, por ejemplo, se hizo un tatuaje en el hombro derecho con el nombre de Temer acompañado de la bandera de Brasil. Dijo que el diseño le costó 1,2 mil reales, aunque algunos tatuadores escuchados por medios de prensa brasileños dijeron que, por sus características, se trata de un tatuaje no permanente. “Temer es mil millones de veces mejor presidente que esos vagabundos falsos socialistas, como Fidel Castro, Che Guevara, Lula o Dilma, y otros monstruos comunistas que se visten con traje democrático”, justificó Costa.

No es la primera vez que Temer utiliza esa práctica de usar recursos del Estado para ganar una votación, aunque sí es inédito que lo hiciera en una situación que lo involucra más directamente. En otras situaciones lo hizo para juntar votos para sus reformas o medidas con amplio rechazo por parte de la ciudadanía, como la ley que congela los gastos con programas sociales por 20 años y las polémicas reformas laboral y previsional, de inspiración neoliberal.

En esos casos, el gobierno trató de garantizar el apoyo con la distribución de cargos directivos en empresas estatales por indicación de los diputados que votaron a favor de los proyectos del gobierno o la invitación a banquetes de lujo en el Palacio del Planalto solamente para parlamentarios inclinados a votar con el oficialismo.

Aunque la estrategia de las comidas no siempre fue bien sucedida y llevó el presidente a uno de sus más grandes bochornos internacionales: en marzo, cuando estalló el escándalo de las carnes podridas en Brasil, Temer invitó a un grupo de embajadores y funcionarios consulares de algunos de los principales compradores de carne brasileña a uno de los más exclusivos restaurantes de carne a la espada de Brasilia, tratando de dar la señal de que la carne brasileña era confiable. Al día siguiente, la prensa reveló que el restorant elegido para la cena solo trabaja con carnes importadas de Argentina, Australia y Estados Unidos.

Por fin, una última modalidad de agrado utilizada por Temer es entregar concesiones radiales a políticos afines, o aumentar el avisaje federal en medios ligados a esos políticos, como los diarios y radios pertenecientes a la llamada “bancada evangélica”, que reúne los tres partidos que representan distintos grupos evangélicos con aspiraciones políticas. Ninguna de esas actividades del gobierno para conseguir apoyo son secretos, los propios beneficiados no esconden los regalos recibidos, por lo que nadie en Brasil esperaba que ellos tomasen una decisión en contra del mandatario anoche.

Por eso algunos analistas brasileños afirman que la llamada “lucha contra la corrupción” -slogan usado en la campaña para derrocar a Dilma Rousseff- terminó en el gobierno más descaradamente corrupto de la história de Brasil.

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